¡72 horas a oscuras! El apagón en Ciudad Guayana
Ocurrió en marzo de 2019, para ese entonces yo estaba meses de concluir mis estudios de bachiller. Recuerdo que estaba en mi salón de clases y de pronto, todas las luces y equipos se apagaron. Eran las 9 de la mañana y no le di mayor importancia, pues, los fallos son recurrentes en ciudad Guayana.
No obstante, hacia las 12 del mediodía, al tomar el bus de regreso a mi hogar, la atmosfera era distinta. A medida que el bus avanzaba, veía como todos los edificios y hogares a mi alrededor estaban apagados, las calles eran caóticas a falta de semáforos y señales de tránsito. La gente murmuraba que se trataba de un mega apagón. Rápidamente revise en mi celular en vano, pues la señal se había ido y no podía llamar a nadie. Al bajar en mi hogar encontré el caos. Pues el agua se había ido y no contábamos con velas o medios alternos para valernos durante la noche.
A las 6 de la tarde, la situación se empezó a volver crítica, ya que la gente a falta de agua, nos vimos forzado a recurrir a medidas extremas. Los vecinos de mi comunidad recurrieron a un tubo de aguas blancas ubicado en las inmediaciones de las cancha del sector, confiando que es “agua de manantial” que fluye de una vena cercana.
Pese al sentimiento colectivo de misterio y desesperación, la noche fue relativamente tranquila, pero infernalmente calurosa e incómoda. Los pocos alimentos que teníamos guardados en la nevera tuvieron que consumirse rápidamente, pues, corríamos el riesgo de que se dañaran. El siguiente día, no fui al colegio, nadie en el sector fue a trabajar. No había razón para irse de la casa, salvo para buscar agua u otros suministros.
La falta de luz obstaculizaba la compra y venta de alimentos, así que tuvimos que disponer de las divisas y prestamos de efectivo para adquirir productos no perecederos.
El segundo día pasó sin más, comunicándonos entre los vecinos e intercambiando productos. En mi hogar la escasez de agua no nos permitía ir al baño con regularidad ni lavar ropa o utensilios.
Afortunadamente, al arribar a la tarde del tercer día, se empezaron na registrar sectores que recuperaron el servicio momentáneamente. Dedole a mi familia esperanza de que se solucionara el problema y efectivamente, en horas de la noche de ese tercer día, el servicio volvió de forma más estable. Fue allí cuando pudimos bañarnos, lavar y recargar celulares y equipos electrónicos.
No obstante, rápidamente nos enteramos de los estragos que nos dejó el corte energético. Los medios reseñaron perdidas millonarias en productos alimentarios, principalmente de carnicerías, heladerías y pescaderías. Mi madre, trabajadora del hospital Guaiparo, se enteró que varias operaciones de urgencia se tuvieron que realizar a la luz de las velas, muestra que otras se tu vieron que reprogramar con consecuencias graves para los pacientes.
Guayana, como ciudad industrial, perdió valiosos días de trabajo y producción y el apagón ocasionó la perdida de varios equipos de gran valor. Mientras que muchos habitantes quedamos profundamente afectados por la pérdida de varios electrodomésticos.
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