Cuando queremos escribir una historia, podemos tomar dos caminos: partir del tema y buscar un protagonista y una anécdota que lo focalice; o arrancar desde la anécdota hacia el tema que la contextualice. Lo más importante es saber cuál tomamos en el proceso y hacer el recorrido conscientemente. Esta es una de las claves para que nuestra narración no recale en otro tipo de géneros.
Las historias aterrizan los temas, contribuyen a hacerlos visibles, a introducirlos en el discurso público, a destacar su relevancia en tanto que inciden en la vida de personas concretas. La anécdota es la trama, la médula de lo que ocurre en el relato, lo que contaremos, el conjunto de acciones que protagoniza nuestro personaje, los hechos que se desplazarán de principio a fin y le darán forma a la narración.
Para distinguir uno de otro y dada su importancia en el proceso de construcción de las historias reales, te invitamos a que:
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